Tesoros

| 25 febrero, 2019 | Sin categoría | No Comments

Los fuegos fauos, son espíritus que salen de noche a vagar por los campos. Hacen daño cuando se les teme. Si se echa a correr para huir de ellos, persiguen, se ensañan con los cobardes.

Quedarse inmóvil, rezar la oración que se sepa, la más poderosa de todas el Padrenuestro – líbranos de todo mal-, y sobre todo no demostrar que se siente miedo.

Esas luces, espíritus de la tierra, indican a veces el lugar de un tesoro. Llevan a ellos o aparecen donde están enterrados.

Tesoros ya no se encuentran fácilmente, ni siquiera años atrás, en la ciudad de Trinidad, donde hubo tantos, pero aunque no es un destino asegurar que aquí en la Florida aunque fué española, no se hallaría ninguno, como se ha de ser optimista, si a algún pobre exiliado a título de cubano, hijo de español, le es revelado el de un conquistador en un sueño o por algún otro medio misterioso, para librarse de peligro, que vaya a buscarlo acompañado por persona de su absoluta confianza, y provisto de velas y agua bendita.

El dueño, que lógicamente murió hace luengos años, o hace siglos, sin esas precauciones castigaría al que desentierra su tesoro y al acompañante. Sería una grave irresponsabilidad no advertirlo, generalmente mata al que no ha elegido para que se adueñe de su riqueza. De ahí que los viejos opinaban que era mejor no hacer ese favor y muchos hombres sensatos no se atrevían a excavar donde se sospechaba que había uno escondido.

Si por pura casualidad, sin esperarlo, se halla dinero enterrado, se dejan in situ algunas monedas, y se celebra una misa le difunto, aunque no se sepa por quién.

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